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Videojuegos (II)



Hace tiempo hablamos de los videojuegos de nuestra infancia. Pues bien, hoy le llega el turno a los videojuegos actuales.

El último que me he comprado ha sido la continuación de Hotel Dusk, Last window. Este juego se podría definir como un libro electrónico, aunque mi hermano prefiere llamarlo "juego de hablar mucho". Es una novela negra en donde encarnas la piel de un poli madurito con pocos amigos (se cargó al único que tenía), cuya afición es el bourbon y con el cuál no te importaría pasar una noche. Todo un chico malo.

De momento, no han aparecido muchos puzzles. Espero que conforme avanza el juego, salgan a la luz quebraderos de cabeza.

Cuando fuí a la tienda a comprar el juego, lo compré junto a la consola. El dependiente se ve que me vió cara de tener dinero y no paraba de venderme cosas, que si un protector de pantalla porque la consola se me vuelve loca (palabras textuales suyas), un seguro antirobo, antidaños, anticaidas al agua... No compré nada y por eso cuido la consola como si fuera mi hija. Espero que dure más de 5 años como me duró la anterior.

María


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Videojuegos de nuestra infancia (I)

La primera videoconsola que tuvimos fue la "Sega Master System" Era de nuestros padres y nosotros la heredamos.
Uno de los juegos que más nos gustaba era el llamado "Alex Kidd" lanzado en 1986. Trataba de un niño cabezón, orejudo y con patillas bastante largas que buscaba a su hermano. Para ello, pegaba puñetazos a bloques donde había bolsas con dinero que necesitabas para comprar diversos objetos en una tienda. En este juego, para ganar a "los malos" solo tenías que ganarles al piedra, papel, tijera (como han cambiado las cosas) y la secuencia se repetía cada vez que jugabas, así que, no tenía mucha complicación. En un principio, este niño iba a ser la mascota de Sega, pero luego llego Sonic The Hedgehog y todos se olvidaron del pobre Alex.
¿Por qué nos gustaba tanto el juego? Porque para jugar no necesitabas cartucho, cada vez que un juego no funcionaba o la consola estaba sin cartucho, el juego salía solo y por no levantarte a sacar el cartucho, jugabas. Que por cierto, no se quién inventó la manía de que cada vez no funciona un juego, hay que soplarle al cartucho y a la ranura en la que se mete.

María

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